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El cowboy es el héroe de la doma, de la victoria violenta de la cultura sobre lo salvaje, y su figura identifica tópicamente la conciencia colectiva norteamericana; pero al mismo tiempo, como miembro de una "raza aparte", el cowboy busca una relaización individual al margen y en contra del mundo urbano e industrial que él mismo ayudó a triunfar en lucha contra territorios indómitos. Más allá de su faceta de deporte-espectáculo que escenifica y conmemora la épica de las grandes praderas, el rodeo se nos muestra, en esta obra donde se combinan la experiencia vivida y el análisis antropológico, como un ritual dedicado ala perpetuación del modo de ver y de sentir propio de la vieja Frontera del Oeste americano. En una dimensión adicional del libro, la autora, que accedió a la antropología procedente de la veterinara, ofrece el enfoque inusual de contemplar a los animales como protagonistas activos en sus relaciones con el ser humano.
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