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La práctica del canibalismo es rechazada por unas culturas como perversa, mientras que en otras desempeña un papel clave en el orden ritual. Los antropólogos han expuesto diversas explicaciones para la existencia del canibalismo; Peggy Sanday afirma que ninguna de ellas es suficiente y, asimilando y superando lo ya dicho nos adentra en una nueva y riquísima interpretación del fenómeno. La obra no solo permite atribuir un único sentido a unos actos de tortura y canibalización que, para la mentalidad occidental (y en otras culturas no caníbales), suelen parecer simples manifestaciones de bestialidad salvaje, de instintos primitivos traducidos en desenfrenos sexuales y sádicos, sino que nos introduce en un asombroso mundo de signos y símbolos, vivencias y significados, valores morales, sociales y religiosos, experiencias emotivas y concepciones existenciales que forman parte de unas culturas dotadas de una poderosa coherencia interna.
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